Misión intercongregacional en la Guajira

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CRONICA 4

Maicao, “ya no es lo que era”, eso es lo que murmura toda la gente con la que nos encontramos. Menos comercio, más inseguridad y delincuencia, pocas alternativas laborales… Han llegado muchos hermanos venezolanos afectados por la crisis que vive su país.

Hasta este rincón de la patria que añora la prospera y comercial historia, han llegado 9 religiosos, que ubicados en dos parroquias realizan su experiencia de misión. Son ellos:

Mabel Rojas Cobaleda: Franciscana Misionera de María Auxiliadora, Ana Rosa Quintana: San Juan Evangelista, María Clara Solano: Dominica de Santa Catalina, Yelitee del Carmen Muñoz: Hija de Nuestra Señora de la Eucaristía, Ivonne Maritza Moreno: Esclava del Sagrado Corazón, Jackeline Osorio Quinceno: Sierva del Santísimo y de la Caridad, María Cristina Cordero: Hermana de la Caridad de Santa Ana, Joachim Kafunda Lepere: Padres Cavanis, Juan Carlos Villareal: Hermanos Maristas.

Allí se han reunido con los maestros, han visitado los enfermos, se han encontrado con los jóvenes y han apoyado las actividades parroquiales. Se han acercado a algunas rancherías y a barrios en los que se aspira a ver con más frecuencia el transitar de la Vida Consagrada.

Allí, disfrutamos de la riqueza de la Intercongregacionalidad, de esa posibilidad de compartir dones y carismas.  Nos sentimos hermanos, familia única, convocados a una misión común, corresponsables de la extensión del Reino de Dios.

El P. Rogelio Jiménez, Párroco de la Iglesia del Carmen, nos contagió de su espíritu misionero y nos invitó a buscar siempre con creatividad, el “más” de las respuestas apostólicas.  Con la fraternidad que lo caracteriza convoco a todos los religiosos que realizan su misión en Maicao y a nosotros, misioneros itinerantes, a un delicioso almuerzo, en el que, al son de vallenatos, sentimos el auténtico calor de la Guajira: el calor humano.

Posteriormente emprendimos el camino hacia Uribía, hicimos nuestra primera escala en el Internado de las hermanas Lauritas, esas mujeres que por opción y convicción acompañan a las comunidades indígenas colombianas. Las vimos serenamente, estar, acompañar, educar y damos testimonio de que a su paso renace la esperanza para ese grupo inmenso de mujeres indígenas que se educan a la sombra del proyecto de nuestra santa colombiana: la Madre Laura.

Celebramos la Eucaristía, con la alegría de quien disfruta un banquete entre hermanos, entre personas a las que se les ha cultivado la fe y poseen auténtica experiencia de Dios.

La oración del Padre Nuestro en Wayunaiki, nos aproximó al Padre de todos, ese que no quiere que caigamos en la tentación del confort, de la indiferencia y que hoy nos invita a salir, para hacer posible un mundo de hermanos

Y después nos dispusimos a visitar la casa en la que Monseñor Héctor Salah, nos motiva a realizar el proyecto de creación de una Comunidad Intercongregacional. Se trata de una casa pequeña y acogedora, situada muy cerca de la plaza del pueblo y al frente del templo.

Una casa que espera ser habitada por religiosas de distintas Congregaciones, por mujeres que se sientan llamadas a “dar el primer paso” porque reconocen que lo que se comparte se multiplica.

Allí, nos encontramos con las tres religiosas que hacen su misión en Uribía: Obeida Valencia: Hna. de la Providencia, Sirley Bedoya: Hna. Marianitas, Dolores Posada: Hna. Carmelita Misionera. Nos acogieron con alegría y sus relatos evidenciaron para nosotros la urgencia de hacer presencia en Uribía: 32 rancherías, pobreza extrema, necesidades educativas, pastorales y de evangelización.  Todo un horizonte de posibilidades apostólicas.

El camino de regreso a Riohacha, fue una oración prolongada pidiendo a Dios que le conceda a la Vida Consagrada Colombiana, la gracia de dar “el primer paso”.

Desde este enlace encuentre la Crónica en pdf:http://crc.org.co/images/PDF/Cronica4.pdf

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268

Revista Vinculum No. 268 de 2017.  <<Pistas proféticas para la formación>>
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