EDITORIAL

Misioneros Discípulos

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DISCÍPULOS MISIONEROS DE LA ESPERANZA

Por: César Augusto Rojas Carvajal, FMS

Hemos recordado esta semana la fiesta de nuestra señora de Aparecida y con ella recordamos la V Conferencia General del Episcopado, celebrada hace 13 años. En su lema y contenido resuena la invitación a ser discípulos misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos en Él tengan vida en abundancia.

Ser discípulos misioneros y misioneras en el contexto actual nos reta a ponernos de parte de quienes hoy sufren las consecuencias de la pandemia. Estar de lado de los menos favorecidos, de los marginados, de los descartados por esta sociedad de consumo. Estar de lado de quienes han perdido a sus seres queridos y que viven el dolor, la tristeza, la soledad y el vacío de su partida a la casa del Padre.

Ser discípulos misioneros y misioneras de Jesucristo es estar más cerca de los hermanos y hermanas como verdaderos hermanos. Haciendo nuestras sus tristezas, búsquedas, soledades, alegrías, logros y sueños. Compartiendo no solo los espacios reservados a la vida comunitaria de cada uno de las comunidades, sino disfrutando de la vida que por la gracia del Espíritu se nos ha regalado a todos los religiosos y religiosas.

Ser discípulos misioneros y misioneras de Jesucristo supone abrir las puertas de la propia vida para acoger, abrazar, perdonar, consolar y dar vida a todas las personas que llegan a las obras pastorales de la vida religiosa. Cada uno de los religiosos y religiosas somos el rostro visible de Dios en medio de su pueblo. Todos podemos transmitir la gracia de la ternura, bondad y misericordia de Dios, que no se olvida de sus hijos e hijas.

Ser discípulos misioneros y misioneras de Jesucristo en y para la esperanza. A pesar de las tragedias y adversidades que vive la sociedad y el mundo, los religiosos y religiosas tenemos en nuestras manos la oportunidad de compartir la vida con quienes han sido golpeados, atropellados, vulnerados y, tal vez, olvidados por el Estado y la misma Iglesia. Somos la esperanza de ellos y ellas. ¡Cuántos niños, niñas, jóvenes y adultos creen y confían en los religiosos hoy!

Al celebrar, animar y conmemorar el mes de las misiones queremos agradecer y hacer memoria de todos los religiosos y religiosas que llegaron al país a sembrar la semilla de la fe en estas tierras. Ellos abrieron camino y se arriesgaron a dejar sus tierras por seguir y servir al Señor en otros parajes. Hoy, la vida religiosa sigue el camino y las huellas de esos misioneros y misioneras en las zonas más difíciles y más necesitadas del país. Nos unimos a todos los religiosos y religiosas que hacen presencia en las periferias de nuestras ciudades, en los campos y regiones apartadas donde la vida clama justicia, paz, reconciliación, perdón y condiciones dignas para sus habitantes.

Con el papa Francisco nos sentimos animados a seguir fomentando la cultura del encuentro con quienes han perdido la esperanza y han sido sometidos al sufrimiento, dolor y terror de las distintas expresiones de violencia; con quienes nos recuerdan que somos un pueblo con raíces indígenas, comunidades, resguardos y asentamientos originarios que cuidan de nuestra riqueza y biodiversidad; con las comunidades negras, palanqueros, raizales y afrodescedientes que han enriquecido con su presencia y aportes la cultura del país; con todos los campesinos y habitantes de las zonas rulares que cada día siembran sus campos de la rica variedad de alimentos y recogen con la alegría y sudor del trabajo cumplido cada cosecha; con todos los hombres y mujeres que sueñan, creen, buscan, luchan y construyen un mejor país.

Ser discípulos misioneros y misioneras de la esperanza es sentirse amados y escogidos por el Señor para llevar la Buena Noticia a todos los rincones del mundo. Es gastarse y darse con alegría en medio de las adversidades y avatares de la vida. Es caminar con el otro y compartir sus proyectos. Ser discípulos misioneros y misioneras de la esperanza es confiar y buscar que todos los hombres, mujeres y niños tengan vida y vida en abundancia.

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Revista Vinculum No. 277 de 2019.  <<Amazonía: Nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral>>
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