MES DE LA BIBLIA

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Hablar de un mes de la Biblia no es más que una toma de conciencia eclesial para resaltar el papel fundamental de la Palabra Revelada en la vida y misión de la Iglesia y, por supuesto, de la Vida Consagrada.

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LA PALABRA, LUZ PARA EL CAMINO OSCURO E INCIERTO

Por: Carlos Julio ROZO RUBIANO, CMF

1. Se me ha solicitado una breve reflexión desde la experiencia de vida para este mes de la Biblia. Hablar de un mes de la Biblia no es más que una toma de conciencia eclesial para resaltar el papel fundamental de la Palabra Revelada en la vida y misión de la Iglesia y, por supuesto, de la Vida Consagrada.

2. Este mes de la Biblia acontece en un contexto de pandemia y de confinamiento globalizado. Un virus globalizado, mundializado, nos puso a todos contra la pared. La primera reacción fue de incertidumbre, miedo, e incluso pánico. Nos agarró de sorpresa. Ni ricos ni pobres, ni creyentes, ni ateos, ni escépticos, ni científicos, ni artistas, ni gentes de a pie sabíamos lo que estaba pasando. Como que todos nos mirábamos con un gesto de asombro y de pregunta. Hasta que poco a poco fuimos comprendiendo la magnitud del asunto.

3. Aunque aún no se vislumbra la solución para superar esta crisis mundial, parece que todo vuelve a una «normalidad temerosa». Es cierto que los que más está cargando con las consecuencias de la pandemia, como siempre son los más pobres y vulnerables de nuestra sociedades internacionales y nacionales. Quienes poseen recursos acumulados tienen como afrontar el confinamiento y las restricciones laborales y económicas. Pero los pobres, los sin futuro, los vendedores de la calle, los informales, que mal que la están pasando. «si no me mata el covid-19, me mata el hambre y la pobreza», dicen con toda razón.

4. ¿Pero que nos dice la Palabra frente a esta situación? Que es un momento para tomar conciencia de nuestra condición humana limitada y efímera (Sal 8). Pero también es la hora de valorar la solidaridad y la comunicación de bienes (Hch 2, 42…). Es la hora de salir de nuestro propio confort, para escuchar y atender el grito del afligido. Es la hora de entrar en una auténtica conversión del corazón, tanto de la persona como de las estructuras sociales y eclesiales. Es la hora de hacer factible la Palabra predicada y anunciada desde el pulpito, o desde la cátedra, o desde la instrucción catequética.

5. Tenemos la firme esperanza que Dios está con nosotros, que no nos abandona a nuestra suerte, que camina sufre con cada persona, con cada familia, en casa hospital, en cada hogar destrozado por la tragedia «Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo, y si por los ríos, no te anegarán; cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama te abrasará» (Is 43, 2). Y con esa confianza de que si Dios está con nosotros ¿Quién estará contra nosotros? (Rm 8, 31), podemos tomar posición frente a esta realidad compleja.

6. La Palabra nos da fuerza para resistir con realismo, pero con esperanza. La Palabra proporciona palabras de consuelo y fortaleza para quienes han vivido situaciones dolorosas de grave enfermedad y hasta de muerte: «He visto sus caminos, pero lo sanaré; lo guiaré y le daré consuelo a él y a los que con él lloran» (Is 57, 18). No se trata de huir de la realidad, sino de saberla entender y asimilar desde la experiencia de la fe.

7. La Palabra leída, meditada y orada en casa en el pequeño grupo familiar ha sido bálsamo para poder afrontar con serenidad, realismo y valentía este momento crítico y doloroso. Los testimonios de familias así lo corroboran. Es cierto que las noticias que llegan de maltrato intrafamiliar, infantil, feminicidios, se ha incrementado, pero también es verdad que algunas familias, sobre todo creyentes, han logrado fortalecer sus lazos de comunión y ayuda mutua.

8. También la vida consagrada ha encontrado en la Palabra un horizonte de sentido para poder vivir y asumir este momento de incertidumbre. Son varias las comunidades de hermanos y hermanas que han intensificado su tiempo de oración con la Palabra, aprovechando el espacio de encuentro, de «recogimiento» que, aunque impuesto por las circunstancias, no deja de ser un «lugar teológico» para encontrase personal y comunitariamente con el Señor de la Vida y de la historia.

9. Valga la pena aquí hacer presente a las comunidades religiosas que se encuentran en zona de conflicto, en Putumayo, en Nariño, en Caquetá, en el Cauca, en el Catatumbo, en fin…allí donde la vida está amenazada, no solo por la pandemia del coronavirus, sino por la otra pandemia de la violencia generalizada que enluta y desangra nuestra herida patria. Y allí, religiosas, religiosos, laicos comprometidos, sacerdotes fieles a su vocación siguen caminando codo a codo con las víctimas de este conflicto interminable. Gracias por su arrojo y valentía. Gracias por su fidelidad radical al Evangelio de Jesús.

10. En este mes de la Biblia vale la pena renovar el compromiso con la Palabra hecha humanidad en la persona de Jesús (Jn 1, 1). La Biblia no es solo para leerla, estudiarla o meditarla. Lo importante es dejarse interpelar por su mensaje de vida, de solidaridad y de esperanza. Ella nos ofrece claves interpretativas para comprender, asumir y vivir con valentía evangélica y esperanza cristiana este tramo de la historia que nos ha tocado vivir.

11. El papa Francisco nos ha invitado a renovar nuestro compromiso en la defensa de la creación que «gime dolores de parto». La Biblia nos impulsa a cuidar y defender la tierra, el aire, el agua. Es una invitación a hacer de nuestra «casa común» un lugar de convivencia harmónica, fraterna y solidaria. No rehuyamos este compromiso fundamental de nuestra fe cristiana y de nuestra consagración religiosa.

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Revista Vinculum No. 277 de 2019.  <<Amazonía: Nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral>>
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